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Capítulo 11 (Libro 3)




‘Corre’ es lo único que consigo cavilar durante la larga carrera. Mis músculos ya se sienten fatigados y los pulmones aprisionan mi garganta estrangulando mi respiración. El aire parece ser más frío a medida que avanzo provocando que mi nariz prácticamente quede congelada. Las calles que atravieso no las conozco. Sin embargo no es un gran impedimento sabiendo qué demonios y ángeles intentan ‘cazarme’. La humedad se palpa en el ambiente provocando una espesa sensación de sudor en mi piel. Cruzo las carreteras sin saber a dónde voy. Los coches frenan con brusquedad cuando los asalto con mi inoportuna carrera. Suenan pitidos tras de mí y algún que otro reproche subido de tono. La gente se aparta. No puedo soportarlo más, mis piernas flojean más a cada paso que doy… hasta que salgo a campo abierto. Me detengo con brusquedad, atónita y desconcertada. Separo los labios intentando captar el aire que me falta mientras mis ojos contemplan numerosos barcos pesqueros, grandes y pequeños, cajas de metal, redes… Estoy en el muelle, lugar en el que nunca había estado. El viento parece encolerizar al agua, quien se retuerce e impacta con fuerza contra las rocas.
Torno el rostro hacia la callejuela por donde había llegado y abro mis ojos aún más. Gabriel se encara con fuerte hostilidad contra Nefertary, mientras Eríka, Celeste y Perséfore ya han acudido a retomar la batalla campal en el aire.
Me observan cuando comprenden que ya no tengo otra calle ni salida por la que huir. Sin embargo… ni Zachary ni Nathaniel parecen encontrarse allí.
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Nathaniel aún aprieta su mejilla con los dedos en un amago de supurar el dolor. Sin embargo, la confesión de Zachary referido a Kimberley lo había cogido por sorpresa. Retiene unos instantes el aire en sus pulmones y aprieta sus puños.
-¿Qué quieres decir? –cuestiona sin alterar su tono de voz.
-Lo sabes perfectamente –añade con rapidez-. Los dos sabíamos lo que pasaría, pero aún así seguimos adelante.
-Cállate –escupe Nathaniel con desdén ante aquellas palabras.
-Callo entonces –susurra Zack alzando las manos en un amago de mostrar su conformidad. Luego sonríe y en su rostro aparece de nuevo la fiereza-. Pero te recomiendo que asumas tus errores o sino… volverás a caer en ellos.
-¿Quieres que no me equivoque? Eso no es típico de ti.
Zack se acerca al ángel con parsimonia.
-Simplemente te recomiendo que no luches por algo que excede del objetivo, no caigas en las trampas mortales, ya me entiendes…
-Debería de recomendarte lo mismo –interrumpe malhumorado-. Tú has sido el que la ha tenido tanto tiempo bajo tu influencia, y me extraña que no la hubieses persuadido para que te contara todo lo que ahora ambos conocemos… asúmelo, sentías algo fuera de lo común –Nathaniel enarca una ceja expectante ante la reacción de Zack. Éste parece haber borrado de su rostro aquel atisbo de control. Suspira una leve sonrisa para restar seriedad.
-Al menos no perdía el tiempo con jueguecitos nocturnos… -sonríe pícaro.
Nathaniel arruga la nariz mientras su rostro alcanza a transmitir una mueca de rabia. Niega con el rostro y se abalanza contra Zack. Siente con mofa como sus nudillos se hunden en el pómulo derecho del ángel negro. Éste no puede reaccionar a tiempo y lo recibe con un quejido. Si bien la conmoción por el golpe aún duraba, se lanzó a devolverle la caballerosidad y manejar sus puños contra Nathaniel. Eso si le gustaba, porque sabía que pronto el ángel se vería con la necesidad de mostrarse ante la gran expectación que se había acumulado en los alrededores. Nathaniel esquivaba un golpe tras otro, aunque algunos no podía evitarlos. Espera con serenidad al momento oportuno para devolverle el golpe, siendo el ángel mucho más rápido pero más débil que Zachary. La mente de Nathaniel está cada vez más bloqueada a razones, de forma que si Zack continuara obligándolo a evitar la concordia y a recurrir a los puños, pronto se vería en la situación de extender su exclusiva extremidad. Pero sin duda había más de una posibilidad que permitiría adelantar el proceso.
Así, aprovechando un vacío de movimientos, Zack, encorva su espalda e impulsa su cuerpo con ayuda de sus pies, manteniéndose suspendido en el aire. Nathaniel lo contempla algo malhumorado mientras traga saliva. Parece cansado, pero en su fuero interno se siente más fuerte que nunca. Respira entrecortadamente mientras analiza sus posibilidades. No obstante, aquella reflexión se ve eclipsada por un rápido movimiento del ángel negro, quien empuja su espalda sin apenas fuerza. Está claro que Zack no pretendía dejarle pensar en ello, actúa con rapidez mediante golpes secos y prácticamente indoloros en un amago de aglutinar la rabia de Nathaniel y, finalmente, hacer explotar su instinto. Éste mismo intenta evitar sus continuas embestidas. Aprieta los puños y golpea al aire torpemente sin poder captar a tiempo sus movimientos. La presión aumenta y ya comienza a florecer un nudo en la garganta que le impide concentrarse. La frustración hace que apriete su mandíbula ofuscado. Hasta que finalmente y sin poder evitarlo, encoje sus omóplatos dejando salir a su verdadera forma. Aprovechando la celebración silenciosa del ángel negro, se abalanza sobre él arroyándole. El cuerpo de Zack impacta con un ventanal empotrado en uno de los edificios. Miles de cristalitos caen al suelo y algún que otro chillido recurre a oídos de los espectadores. Los presentes en aquella estancia afectada del edificio se apartan asustados de la escena, evitando el contacto visual con aquella extraña criatura. Zack, que había caído boca arriba, se levanta como si solo se hubiera hecho un rasguño y entorna sus ojos con furia. El ángel se mantiene suspendido en el aire. Pero justo cuando Zack iba a devolverle la reacción inesperada, el sonido de los coches de policía acuden a sus oídos. Nathaniel alcanza a advertir algún que otro coche recorriendo las calles cercanas con la finalidad de acudir a la llamada de los espectadores que habían contemplado atemorizados la inusual escena. Ambos vuelven a mirarse. El ángel se desliga de la pelea que enzarzaban y huye de la escena con rapidez gracias a su ala derecha. Zack chasquea con la lengua y lo imita, unos cuantos segundos después.
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-Acorralada… -susurra Nefertary esbozando una amplia sonrisa.
Doy unos pasos hacia atrás intentando evitar un mayor acercamiento.
-Kimberley –añade Gabriel.- vamos, dínoslo y la salvaremos.
Niego con la cabeza como una niña chica. Ni siquiera yo puedo comprender el por qué no era capaz de susurrárselo a Gabriel para que salvara a mi prima. Eso era lo importante, ¿no?, preservar la vida de Lola. Pero siempre acudía a mi consciencia el por qué no conseguía desligarme de todo aquello: Nathaniel y Zachary se irían de mi lado. Tal y como había dicho Amon, yo había optado por una postura muy egoísta en la que anteponía mi corazón a la vida de una joven adolescente que ignoraba totalmente aquella situación. Tal vez si se lo hubiera dicho quizás ella habría tomado su propia decisión y se hubiera entregado a uno de los dos bandos. Pero, ¿acaso no habría hecho lo mismo? Si realmente estaba tan encaprichada con Amon, seguramente no hubiera salido ni una sola palabra de sus labios sobre el asunto… Amon, ¿Amon? Tampoco está aquí, entre los presentes. Y si en estos momentos continúan estando delante de mí… Amon no había tomado la decisión de acabar con ella y con este juego. Pero, entonces, ¿dónde estaba?
-Kimberley –insiste Celeste evitando las miradas de los ángeles negros allí presentes.
-Es que no puedo –sollozo.
Nefertary chasquea, su rostro adquiere una mueca de desdén y opta por acercarse a mí más rápido de lo que mis pies pueden andar hacia atrás. Sin posibilidad de reacción, me agarrara del jersey.
-¡Eh! –exclama uno de los ángeles.
Anda unos pasos más y aferra finalmente mi cuello, dejando libre al jersey.
Por el miedo no puedo articula palabra y sus dedos aplastan mi garganta.
-Dímelo –masculla entre dientes bajo una máscara diabólica.
Eríka evita la reacción de los ángeles posicionándose entre Nefertary y ellos.
Niego con el rostro. Si no había salido de mis labios nada acerca de aquello cuando no me coaccionaban por medio de la fuerza, no sería capaz de decirle nada mientras me mantuviera aprisionada entre sus cobrizos y finos dedos.
-¡Nefertary! –exclama alguien lejos del entorno.
La aludida torna el rostro sin descuidar mis reacciones. Eríka se aparta unos cuantos centímetro cuando advierte a Zachary caminando hacia nosotros desde la bocacalle por donde había finalizado mi huída hace escasos minutos.
Un atisbo de esperanza y protección acude a mi corazón, previamente acurrucado por el temor. Atisbo también a Nathaniel, mucho más adelantado que Zack, con una blancuzca ala asomada en su omóplato derecho.
-¡Suéltala! –exclama ésta vez Nathaniel. Éste camina a través de sus compañeros y aparta con el hombro a Eríka, quien enseña sus dientes en un amago de réplica.
Nefertary, sin embargo, se resiste y sonríe.
-Solo obedezco órdenes de mi señor… -murmura en un siseo.
Ante aquello, Nathaniel clava su mirada en la de Zack, quien muestra un rostro demasiado sereno. Éste llega a la altura de Eríka. Nefertary lo observa en espera de una orden. Afloja la presión que ejerce sobre mi garganta para finalmente soltarla entre dientes y se aparta.
Me aferro con suavidad mi cuello para mitigar la sensación de asfixia que comenzaba a marearme.
-Tú lo sabías.
Ante mi sorpresa, Nathaniel se muestra hostil e irritado.
-Lo sabías todo –recrimina en un susurro-. Me pregunto el por qué de tu silencio si te di la oportunidad de comunicármelo.
Agacho el rostro negando de nuevo.
-No nos puedes achacar a nosotros algo que también haces tú. De ti depende la vida y la muerte de alguien… te estás comportando como nosotros.
Aprieto la mandíbula con los dientes evitando que caigan las lágrimas que afloran en mis ojos. No quiero llorar, ahora no. Debía de mostrarme con fortaleza, mostrando que nada podía perturbarme. No ahora que yo tenía la llave de acabar con todo aquello. Así, alzo el rostro y, a pesar de lo difícil que resulta, clavo mis ojos en los celestes de Nathaniel. Aprieto mis labios para sentirme más fuerte mientras estiro mis hombros hacia atrás.
Pero algo entorpece mi reacción cuando de la nada acuden Annibal y Demetrius. No obstante, no vienen solos. Los ángeles separan sus labios con sorpresa al advertir a su compañero en manos de Annibal. Ángelo los mira con los ojos envueltos en debilidad.
-¡Ángelo! –exclama una de las dos ángeles.
Por otra parte, yo no puedo evitar hiperventilar cuando contemplo el rostro asustadizo de Phoebe, apresada por las viles garras de Demetrius. Sin embargo, ninguno de los ángeles negros parece sobresaltado por aquella intromisión. Aunque Zack suspira con intranquilidad cuando Vivian se acerca a él esbozando una sonrisa.
-¡Kimberley! –exclama Phoebe con el rostro empapado-. ¡Lo siento Kimberley, lo siento! –solloza.
Aquello parece divertir a Demetrius, quien aferra con fuerza los brazos de Phoebe evitando sus violentos movimientos en un amago de escapar de su presión.
La contemplo horrorizada. Mis lágrimas no aguantan más. Recorren mis mejillas al advertir como el rostro de mi amiga se había convertido en un espejo de amargura y culpabilidad.
-Phoebe… -susurro.
Al oír sus gemidos mi corazón se retuerce. Hasta esos momentos no era lo suficientemente consciente como para darme cuenta de lo que suponía mi silencio para el resto de personas a las que necesito. En estos momentos admiro a Phoebe, la quiero más que nunca por silenciar el nombre de mi prima y soportar todo aquello por mí. Y por ello sus lágrimas castigan mi fortaleza.
-Lo mejor será que digas el nombre en voz alta y nos dejes el resto a nosotros –añade Zack en una inesperada intromisión.
Aquellas palabras separan mis labios. Los observo, a ambos. ¿Por qué están tan lejos? No pretenden acercarse a mí y me encuentro apartada y vacía. ¿Cómo pretendía mostrar mi faceta valiente cuando los dos hombres por los que he suspirado ahora solo quieren de mí un nombre?
-¡No, Kimberley, no lo hagas! –exclama de nuevo Phoebe evitando la coacción de su opresor.
Niego con el rostro subyugándome a las palabras de Zack. Sin embargo, intento articular unas últimas palabras antes de que se lanzaran a la búsqueda y captura de mi prima, al menos asegurando la supervivencia de Phoebe en un amago de agradecerle todo aquello.
-Lo diré, pero si antes me dejáis hablar con Phoebe, solo serán unos segundos.
Observo como Nathaniel suspira y como el resto se miran de reojos expectantes al pistoletazo de salida. Zack me mira. Ante aquel silencio me sonríe… pero no como éstos últimos días. Su sonrisa tranquiliza mi interior ante aquella resignación, templa mi corazón a pesar de encontrarse a distancia… porque era una sonrisa sincera. Zack asiente sin mirar a Demetrius, quien la suelta. Phoebe corre hacia mí con rapidez, sin ocultar el miedo que se mostraba en su rostro. La abrazo en cuando mis pasos me llevan hacia ella. La abrazo con fuerza dejando salir mis lágrimas.
-Phoebe… -murmullo en un sollozo.
-Lo siento, Kimberley, lo siento… -reitera.
-No… no digas eso…
-Me dijeron que podía recuperar a Ángelo y yo… pero cuando hablé me di cuenta de que… -su ojos se clavaron en los míos.-… de que de nada me serviría volver a ver a Ángelo si se iba a marchar… otra vez.
Mis ojos no se apartan de los suyos. En estos momentos veo un espejo en sus palabras, mostrando el mismo egoísmo que había decidido acatar.
-Oh, Phoebe –suspiro.
Sus manos bajan recorriendo mis brazos temblorosos.
-No lo hagas, Kimberley, no completes mi error o… Nathaniel y Zack se marcharán para siempre.
Aprieto mis labios mientras sus manos rodean mis muñecas.
-Tú estás sobre ellos… tienes el poder en tus manos.
Aquellas palabras me sobresaltaron. Frunzo el ceño. Pero pronto las comprendo, cuando sus dedos aferran por debajo de la tela las dos pulseras. Abro los ojos asustada.
-Huye, vete de aquí.
Niego con el rostro con rapidez mientras mi corazón comienza a latir a velocidades extremas.
Entonces, Phoebe arranca con fuerza las pulseras de ambas manos. Todo pasa ante mí con rapidez. Phoebe me empuja dándome la oportunidad. Ella alza las dos pulseras, mostrándoselas a todos los presentes. Tanto Zack como Nathaniel tensan sus músculos y separan sus labios mientras abren los ojos con sorpresa.
Phoebe corre hacia los límites del muelle, respirando el viento húmedo de las aguas. Todos asisten confusos y nerviosos a su reacción. Ya nadie me mira.
-¡NO! –exclama Zack cuando atisba sus intenciones.
Trago saliva. Demetrius, Annibal y unos cuantos más ya han mostrando sus alas y corren hacia ella con premura antes de que se tirase al agua con ambos cristalitos.
Mis ojos se inundan de nuevo con lágrimas. Pero mi mente ejecuta una orden que no emana de mi intelecto. Mis pies comienzan a correr… lejos de allí.     

5 Responses so far.

  1. Anónimo says:

    SUBE EL SIGUIENT YAAAA!!! NO VEAS QUE VICIO.... SI ES QUEE ME ENTUSIASMAA... ;d

  2. aLba says:

    q ganas tenia de leerlo me encanta la historia q pena q ya este terminando la historia

  3. Maria says:

    cuando vas a subir el proximo??

  4. El sábado que viene ;) Es el último capítulo!

  5. Anónimo says:

    Me desespero por daber el finaaal! porfavooor quiero ese capitulo :D

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